Las vitaminas D3 y K2 son nutrientes esenciales que a menudo se pasan por alto en la alimentación actual. Estos nutrientes son fundamentales en la dieta de las personas, ya que sus beneficios abarcan la salud física, mental y emocional.
Estas vitaminas son especialmente recomendadas para proteger la masa ósea y prevenir lesiones en personas mayores. Las mujeres mayores de 50 años se benefician especialmente de estas vitaminas, ya que la menopausia suele disminuir la producción de calcio. Por lo tanto, pueden ser grandes aliadas en la regeneración ósea y en la prevención de riesgo cardiovascular.
La vitamina D3 se puede obtener al exponerse al sol durante un paseo de 20 a 30 minutos a primera hora de la mañana o a última hora de la tarde, cuando no hay riesgo de recibir lesiones cutáneas por los rayos solares sin factor de protección solar. También se puede encontrar en el consumo de aceite de hígado de bacalao, mantequilla, leche, derivados del hígado, pescados grasos o en la yema del huevo (en estos dos últimos también hay vitamina K2).
Por otro lado, las verduras de hoja verde (como las espinacas y el brócoli) contienen vitamina K1, pero el organismo puede convertirlas en K2. La vitamina K2 también se puede obtener de las yemas de huevo, hígado de res, quesos grasos (como el brie o el edam), yogures y soja fermentada tradicional (nato).