Realizar ejercicio con regularidad beneficia la salud ósea, al ayudar a mantener la masa ósea existente y a prevenir fracturas en el futuro. Cuando Barbara Hanah Gruferman tenía poco más de 50 años, una densitometría ósea reveló que iba camino a desarrollar osteoporosis. Si no cambiaba su estilo de vida, sus huesos se volverían cada vez más frágiles, lo que la expondría a un alto riesgo de sufrir fracturas de columna, cadera y de otro tipo que alterarían su vida.
Gruferman siempre había sido activa, corriendo detrás de sus dos hijas y paseando a su perro por Manhattan. Pero no había hecho mucho ejercicio formal desde “los días de Jane Fonda”, cuando tenía unos 20 años, dijo. Cuando se enteró de su baja densidad ósea, empezó a entrenarse para correr el maratón de Nueva York y a hacer planchas y sentadillas a diario. Practicaba mantenerse sobre un solo pie siempre que podía, para mejorar el equilibrio. Hoy, más de 15 años después, su densidad ósea se ha mantenido estable y está entrenando para su maratón número 18.
”Soy un ejemplo viviente de que nunca es demasiado tarde para actuar”, afirmó Gruferman, de 67 años. Pero no hace falta correr maratones para proteger los huesos. Basta con añadir algunos ejercicios estratégicos a tu rutina para fortalecerlos, ahora y en el futuro.
A partir de los 30 años, los humanos experimentamos una disminución gradual en la densidad mineral ósea y perdemos alrededor de un 1% de densidad cada año. ”La gente piensa que los huesos son algo estático”, afirmó Andrea Singer, directora médica de la Fundación para la Salud Ósea y la Osteoporosis en Estados Unidos. Pero “es un órgano vivo y dinámico que se remodela constantemente”. Al igual que ocurre con los músculos, cuanto más se estresan estratégicamente los huesos con el ejercicio, más se fortalecen, afirmó.
Los huesos de todo el mundo se debilitan con la edad, pero el 80 por ciento de los estadounidenses con osteoporosis son mujeres, y la mitad de las mujeres mayores de 50 años se romperá un hueso a causa de esta enfermedad. Las mujeres alcanzan su máxima densidad ósea a los 20 años. El mayor declive se produce en los cinco a siete años siguientes a la menopausia, cuando caen en picado los niveles de estrógenos, que ayudan a mantener los huesos robustos.